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Convulsiones Febriles

 

 

La inquietud de todo padre, ante un hijo que convulsiona por fiebre es uno de los motivos más frecuentes de consulta al neuropediatra. Nuestra misión como profesionales en la materia, es brindar el conocimiento necesario para que los padres gestionen herramientas de acción frente a esta entidad benigna conocida como: CONVULSIONES FEBRILES. Un asesoramiento parental informado y responsable, es el aporte más valioso que puede hacer el pediatra al cuidado de un niño con convulsión febril.

  

¿Qué son las convulsiones febriles?

 

Por consenso médico, una convulsión febril es un fenómeno típico de la lactancia o de la infancia, que se produce entre los tres meses y cinco años de edad, relacionado con la fiebre, pero sin datos de infección a nivel del sistema nervioso central o alguna otra causa identificable (deshidratación o alteraciones metabólicas), en niños previamente sanos.

 

Durante las convulsiones febriles, los niños están inconscientes y presentan movimientos involuntarios de las extremidades en ambos lados del cuerpo. Rigidez generalizada o contracciones en una sola parte, tal como en un brazo o una pierna, o en el lado izquierdo o derecho del cuerpo. La mayoría de las convulsiones febriles duran un minuto o dos, aunque algunas pueden ser tan breves como algunos segundos y otras pueden durar por más de 15 minutos. La mayoría de los niños con convulsiones febriles tienen temperaturas corporales entre 37.9-38°C, y las crisis se presentan durante las primeras 24-48 horas de iniciada la enfermedad febril.

 

 

No consideramos a los niños con convulsiones febriles como epilépticos, ya que la epilepsia se caracteriza por la recurrencia de las crisis sin intervención de la fiebre.

 

¿Por qué se producen las convulsiones febriles?

 

La forma exacta de cómo se generan, no se conoce, pero se postula una asociación de varios factores, como el aumento en la circulación de sustancias tóxicas o de productos de una reacción inmune como consecuencia de la invasión viral o bacteriana del sistema nervioso central. Otros factores vinculados, lo son la  existencia de un relativo déficit en la mielinización encefálica, la inmadurez del cerebro infantil y de sus mecanismos de termorregulación, el incremento de consumo de oxígeno en cualquier proceso febril o la existencia de una limitación para el aumento del metabolismo energético celular al elevarse la temperatura corporal.

 

 

¿Qué tan común son las convulsiones febriles?

 

Las convulsiones febriles son el problema más común en la práctica neurológica pediátrica, con una prevalencia de alrededor del 4-5% de todos los niños. Uno de cada 25 niños tendrá por lo menos un episodio convulsivo febril, y más de una tercera parte de estos niños tendrán episodios adicionales antes de que superen la edad límite de aparición de las crisis febriles.

Las convulsiones febriles usualmente ocurren en niños entre las edades de 3 meses a 5 años. Los niños rara vez desarrollan su primera convulsión febril antes de los 3 meses o después de los 7 años de edad. Entre más avanzada es la edad del niño cuando tiene su primera convulsión febril menor es la probabilidad de recaída convulsiva febril.

 

¿Qué hace a un niño ser propenso a convulsiones febriles recurrentes?

 

Se han establecido algunos factores que parecen aumentar el riesgo de los niños a padecer de convulsiones febriles recurrentes: una primera convulsión febril antes de los 12 meses de edad, fiebres frecuentes y el tener familiares de primer y segundo grado de consanguinidad con historial de convulsiones febriles. Si la convulsión ocurre inmediatamente al comienzo de la fiebre o cuando la temperatura es relativamente baja, el riesgo de recurrencia es mayor.

 

¿Son las convulsiones febriles dañinas?

 

A pesar de lo angustiante que puede ser para los padres, la gran mayoría de las convulsiones febriles son inofensivas. Durante una convulsión, existe una pequeña posibilidad de que el niño sufra daño si se cae o se ahoga por alimento o saliva en la boca, para esto, el tener los conocimientos en primeros auxilios para el manejo de las convulsiones, les puede ayudar a prevenir estos riesgos potenciales.

 

Las convulsiones febriles no causan daño cerebral, salvo ciertas excepciones como en el caso de otra entidad conocida como Estado Convulsivo Febril. Numerosos estudios poblacionales han encontrado que los niños con convulsiones febriles tienen logros escolares óptimos y evaluaciones cognitivas equivalentes a la de los hermanos que no padecen convulsiones.

 

Alrededor del 95 al 98 % de los niños que han experimentado convulsiones febriles NO desarrollan epilepsia. Sin embargo, aunque el riesgo absoluto permanece muy bajo, algunos niños que han padecido de convulsiones febriles encaran un riesgo mayor de desarrollar epilepsia. Estos niños incluyen a aquellos que tuvieron convulsiones febriles prolongadas, que se presentaron como crisis focales, o que se presentaron en más de una ocasión en 24 horas, y niños con parálisis cerebral, desarrollo tardío u otras anormalidades neurológicas. En el resto de los niños que no presentan ninguno de estos factores de riesgo, apenas uno de cada 100 desarrollará  epilepsia posteriormente.

 

¿Qué debe hacerse por un niño con convulsiones febriles?

 

Los padres deben, ante todo, permanecer calmados y observar cuidadosamente al niño. Para prevenir heridas accidentales, se debe colocar al niño en una superficie protegida tal como el piso o la cama. El niño no debe ser restringido en sus movimientos durante la convulsión. Para prevenir ahogos, el niño se debe poner de lado. Si es posible, uno de los padres debe sacar cuidadosamente cualquier objeto de la boca del niño. Los padres nunca deben poner ningún objeto en la boca del niño durante una convulsión. Los objetos (cucharas, baja lenguas, dedos) colocados en la boca pueden romperse y obstruir el flujo de aire en la respiración del niño. Si la convulsión dura más de 5 minutos, el niño debe ser llevado inmediatamente al centro asistencial más cercano para la atención médica de la crisis. Una vez finalizada la convulsión, el niño debe ser llevado a su pediatra para determinar el origen de la fiebre. Esto es especialmente urgente si el niño muestra los síntomas de cuello rígido, letargo extremo o vómitos abundantes, sugerentes de una infección del Sistema Nervioso Central.

 

¿Cómo se diagnostican y tratan las convulsiones febriles?

 

Antes de diagnosticar una convulsión febril en un infante, los pediatras llevan a cabo pruebas para asegurarse de que las convulsiones no son causadas por otros factores más que la fiebre misma. Por ejemplo, si un pediatra sospecha que el niño tiene una meningitis (una infección de las membranas que revisten al cerebro), es necesario sacar líquido de la espina dorsal para detectar cambios producidos por la infección en el fluido cerebroespinal. Si el niño ha cursado con diarrea severa o vómitos incoercibles, la deshidratación y el desequilibrio electrolítico, pueden ser las responsables de las convulsiones. Los pediatras llevan a cabo otras pruebas, para determinar la causa de la fiebre del niño, tales como un hemograma o un urianálisis.

 

Un niño con convulsiones febriles no necesita ser hospitalizado, cuando encontramos la causa de su fiebre y se ha recuperado perfectamente luego de la convulsión. Si la convulsión es prolongada o es acompañada de una infección seria, o si el origen de la infección no puede ser determinado, el pediatra debe hospitalizar al niño y vigilar su evolución clínica.

 

¿Cómo se previenen las convulsiones febriles?

 

Aunque la mayoría de los padres se sienten más cómodos al controlar la fiebre y el malestar que provoca, con medicamentos como el acetaminofén o el ibuprofeno; estos medicamentos no evitarán que el niño con predisposición a convulsionar por fiebre, no convulsione.

 

Los niños especialmente propensos a presentar convulsiones febriles, son tratados cuando tengan fiebre con el medicamento diazepán por vía oral o rectal. La mayoría de los niños con convulsiones por fiebre no necesitan ser tratados con medicamentos, pero en algunos casos el pediatra puede recomendar que el diazepán sea administrado solamente cuando el niño tenga fiebre o cuando se presente la crisis convulsiva. Usualmente éste es bien tolerado, aunque en ocasiones causa somnolencia y falta de coordinación. Los niños varían mucho en la susceptibilidad a los efectos secundarios ocasionados por el diazepam.

 

¿Qué investigación se está realizando sobre las convulsiones febriles?

 

Los investigadores están buscando los factores de riesgo ambientales y genéticos que hacen a los niños, susceptibles a presentar convulsiones febriles. Algunos estudios sugieren que las mujeres que fuman o ingieren alcohol durante el embarazo son más propensas a tener niños que padecen de convulsiones febriles, pero se necesita realizar más investigación antes de poder establecer una asociación definitiva. Los científicos están trabajando también en identificar los factores que pueden ayudar a predecir cuáles niños son más propensos a tener convulsiones febriles recurrentes o de larga duración.

 

Por otro lado, se continúa observando el impacto que las convulsiones febriles pueden tener en la inteligencia, la conducta, el aprendizaje y en el desarrollo de una epilepsia posterior.

 

Las investigaciones actuales están orientadas a buscar opciones terapéuticas efectivas para prevenir la recurrencia de las convulsiones febriles y minimizar al máximo sus efectos colaterales.

 

¿Qué debo recordar como padre de un niño que presenta convulsiones febriles?

 

Los padres deben tener en mente en todo momento, que aunque el cuadro clínico puede provocar un pánico inicial y ansiedad posterior, una convulsión febril no se trata de una epilepsia, sino un proceso benigno que afecta a 3-4 de cada 100 niños por debajo de los 5 años de edad.

 

La mayoría de las veces se presenta como una única crisis, que no deja secuelas neurológicas, y en la que la mortalidad es nula.

 

 Aprender la forma de combatir los cuadros febriles, la forma de actuar ante una crisis y el modo de solicitar asistencia médica, si una crisis se prolonga más de los 5 minutos de duración; es primordial tanto para los padres como para los cuidadores. Todo padre debe conocer el riesgo de recurrencia de la convulsión febril y de la posibilidad de que la misma condición, aparezca entre los hermanos

 

¿Dónde puedo encontrar más información?

 

 Para mayor información, puede contactar al Centro CLAMP  Neurodiagnóstico y Rehabilitación Infantil al 7746600 Ext. 103. Estaremos gustosas en atenderle.

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